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Recorriendo las carreteras rurales de la localidad de Okuma, en la región de Hamadori de la prefectura de Fukushima, los visitantes pueden encontrar un cartel escrito en japonés que dice “Granja Amanogawa (Vía Láctea)”. Allí es donde la francesa Emilie Bouquet está haciendo realidad su sueño de agricultura ecológica. Tras llegar a Okuma en febrero de 2023, Bouquet cuida con mimo sus frambuesas, junto con otras bayas, verduras, flores y hierbas, en 1.7 hectáreas de terreno, acompañada de algunos simpáticos gatos y una bandada de esponjosas gallinas.

El camino hacia Fukushima

Crecida en la bucólica Bretaña, Emilie Bouquet mostró desde joven interés por la ecología. Habla con cariño de sus recuerdos de infancia recogiendo y comiendo moras silvestres durante las vacaciones de verano, y disfrutaba de la mermelada de moras casera que preparaba su madre.

Tras no encontrar muchas oportunidades para desarrollar sus intereses durante la universidad en Francia, dirigió su atención hacia Japón. Influenciada por la afición de sus hermanos mayores al manga y al anime, visitó el país varias veces como turista antes de decidirse a vivir y trabajar aquí.

“Llegué a Tokio justo después del gran terremoto del este de Japón en 2011. ¡Posiblemente no habría ni 10 personas en el avión!”, recuerda. “Mis padres estaban preocupados, pero yo insistí en venir”.

Durante algunos años, Bouquet impartió clases de idiomas en Yokohama y Tokio. Sin embargo, se sintió atraída por Fukushima tras una primera visita en 2018 recomendada por una estudiante que había crecido en la prefectura. Posteriormente, se mudó a la ciudad de Aizu-Wakamatsu en 2021 y, un año después, a Iwaki, donde comenzó a buscar tierras agrícolas adecuadas para desarrollar su pasión por la agricultura ecológica.

Estaba decidida a establecerse en una zona afectada por el desastre nuclear de 2011 y contribuir a la recuperación regional. Una cadena de encuentros fortuitos la condujo finalmente a Okuma, una de las dos localidades donde se ubicaba la ya clausurada central nuclear, comenzando por un antiguo alumno de Fukushima y culminando con la conexión con un agricultor cuyo pueblo natal era Okuma. Ella se siente agradecida por todos y cada uno de los eslabones de esta cadena que la condujo hasta aquí.

Un cartel en la granja Amanogawa tiene también un mensaje en francés que dice: 'La vida es hermosa bajo las estrellas'. | RYOICHI SHIMIZU
Un cartel en la granja Amanogawa tiene también un mensaje en francés que dice: ‘La vida es hermosa bajo las estrellas’. | RYOICHI SHIMIZU

Construyendo lazos, forjando amistades

Bouquet afirma que los cordiales residentes son uno de los mayores atractivos de Okuma, quienes siempre le han mostrado una gran generosidad compartiendo su tiempo y conocimientos, especialmente en sus comienzos. “No conocía de nada a estas personas, pero fueron muy cálidas y acogedoras”, comenta.

En particular, ha establecido profundos vínculos con tres hombres mayores, y se reúne con este trío de antiguos compañeros de clase de forma habitual para trabajar y socializar. Desde entonces, la han adoptado como la cuarta integrante de su muy unido grupo.

“Eso demuestra la confianza y seguridad que tenemos entre nosotros”, añade. “Y, como resultado, ¡me han dicho que mi entonación en japonés suena ya como la de un hombre mayor!”.

Además, ha aprendido el arte del oyaji gyagu, los típicos juegos de palabras japoneses que muchos comparan con los “chistes de abuelos”.

Eso no quiere decir que nunca se haya sentido incomprendida aquí.

“Por ejemplo, cuando alguien me dijo: ‘Oh, Emilie, tú no eres japonesa, así que no lo entenderías, eres extranjera,’ me sentí un poco herida”, explica. “Pero, claro, esa persona nunca ha vivido en el extranjero. Si tú mismo has sido extranjero, entonces comprendes cómo estas palabras pueden herir los sentimientos de alguien”.

Bouquet cree que la llegada de más residentes internacionales a Fukushima traería cambios positivos en este sentido.

“A medida que aumente el número de extranjeros, los responsables gubernamentales probablemente se acostumbrarán a interactuar con ellos y tenderán a buscar formas más efectivas de comunicación”, señala. Y aunque valora mucho sus amistades japonesas, le encantaría también tener algunos amigos extranjeros con quienes poder charlar de vez en cuando.

El arte de crear un estilo de vida

Actualmente, Emilie Bouquet combina su labor agrícola con trabajos freelance de ilustración y la enseñanza de francés en línea. Comercializa una amplia gama de productos basados en sus obras originales, como material de papelería, camisetas y llaveros. Muchos de sus diseños incluyen sus originales y simpáticos personajes inspirados en las akabeko, las figuritas de vaca roja que son un símbolo muy querido de Fukushima. Ha colaborado también en el sector turístico, creando un mapa ilustrado y lúdico de la prefectura de Fukushima. Ahora está trabajando en uno similar para Okuma.

Aunque dedica la mayor parte de su tiempo a la agricultura, la mayor parte de sus ingresos provienen aún de sus actividades artísticas.

“Sería estupendo que ese equilibrio cambiara en el futuro”, comenta con una sonrisa. De cara al futuro, Bouquet espera seguir desarrollando su actividad agrícola a su manera, descubriendo poco a poco las mejores prácticas en armonía con las estaciones y la tierra.

Bouquet disfruta también de estar rodeada por la naturaleza en Okuma y encuentra en las montañas una constante fuente de fascinación. “Cuando llueve, las montañas desaparecen. Así que, si empiezo a perderlas de vista, sé que está a punto de empezar a llover”, señala. “Ya ni siquiera necesito mirar el pronóstico del tiempo”.

“Okuma me evoca inevitablemente todavía la imagen de la central nuclear. Para quienes estén interesados, existe Turismo de la esperanza, donde se puede aprender sobre las zonas afectadas por el desastre. Eso es importante, por supuesto, pero realmente espero que la gente explore también otras partes de la localidad”, afirma, añadiendo que Okuma es especialmente hermosa durante la floración de los cerezos o en la época de otoño con el cambio de color de las hojas.

Después de más de dos años en Okuma, Bouquet no se imagina viviendo en otro lugar.

“Si voy a Tokio, por ejemplo, todo es tan agitado y los edificios tan altos que no puedes ver el cielo. Es otro mundo, y lo que quiero es volver a Okuma lo antes posible”.

Una cálida bienvenida para todos

Para quienes sientan curiosidad por la vida rural en Fukushima, el consejo de Bouquet es sencillo: “Debéis hacerlo. Simplemente venir y comprobarlo por vosotros mismos”, afirma. “Me alegraría mucho que alguien leyera esto y pensara que le gustaría vivir en Okuma”.

Un mapa ilustrado de Fukushima, diseñado por Bouquet, muestra algunos de los lugares más representativos de la prefectura. | EMILIE BOUQUET
Un mapa ilustrado de Fukushima, diseñado por Bouquet, muestra algunos de los lugares más representativos de la prefectura. | EMILIE BOUQUET

Tras la evacuación total de la localidad en 2011, se permitió finalmente el regreso a algunas zonas de Okuma en 2019. Tanto los retornados como los recién llegados están uniendo fuerzas para insuflar un renovado vigor al pueblo y se han completado nuevas viviendas, instalaciones comerciales y de servicios sociales. Existen también diversas oportunidades para quienes buscan trabajo o quieren emprender.

Bouquet señala que hay numerosos programas de apoyo para quienes piensan mudarse a zonas más rurales de Japón, no solo a nivel nacional, sino también prefectural y municipal.

Por ejemplo, ella consultó inicialmente el Furusato Kaiki Shien Center (Centro de apoyo para el retorno al pueblo) en Tokio, que la puso en contacto con un coordinador de reubicación de Fukushima. Este coordinador le ayudó a informarse sobre un plan de residencia temporal subvencionada. Ella anima a otros residentes extranjeros a investigar las diversas opciones disponibles.

¿Y qué opinan los padres de Bouquet, que en 2011 se preocuparon tanto cuando su hija menor se fue a Japón, sobre su decisión de establecerse y dedicarse a la agricultura en la Fukushima rural?

“Bueno, al principio, me dijeron que lo pensara detenidamente. Pero luego vinieron a visitarme en noviembre de 2023 y les encantó el lugar. Fueron también a Osaka, pero les pareció demasiado concurrido y volvieron a Okuma antes de lo previsto”, comenta, sonriendo al recordarlo.


Una carta de Emilie Bouquet

Después de pasar varios años en Tokio y Yokohama, me sentí cautivada por el encanto de la prefectura de Fukushima. Los impresionantes paisajes y la amabilidad y calidez de su gente, a pesar de las dificultades que han vivido tras el desastre de 2011, me hicieron sentir realmente como en casa.

Bouquet cuida de sus gallinas en su granja. | RYOICHI SHIMIZU

Aunque queda mucho por reconstruir y algunos problemas aún están por resolverse, los avances son constantes.

Como cultivadora de frambuesas, frutas y verduras en Okuma, me aseguro de que cada aspecto de la producción esté cuidadosamente supervisado para garantizar la seguridad alimentaria.

Fukushima es una prefectura enorme, donde cada región (Aizu, Nakadori y Hamadori) ofrece su propio encanto único. Desde montañas nevadas hasta la costa del Pacífico, cada año me sorprende la asombrosa diversidad de sus paisajes.

¡Las especialidades culinarias, como la yakisoba (fideos salteados) de Namie y el ramen de Kitakata, son una experiencia imprescindible! La rica historia y cultura de Fukushima se muestran también en lugares emblemáticos como el castillo de Tsuruga (conocido oficialmente como castillo de Wakamatsu) y en eventos como el festival ecuestre Soma Nomaoi, que atraen a numerosos visitantes.

Pero las palabras solo llegan hasta cierto punto. Visitar es la mejor manera de comprender verdaderamente lo que representa Fukushima.

Si alguna vez estás por la zona, no dudes en pasar por mi humilde granja. ¡Estaré allí con mis gatos y mis gallinas!